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MARTÍN RUIZ ANGLADA

(13/Nov/1929 Milmarcos (Guadalajara) -  28/Dic/2001 Zaragoza)


    Corrían los años treinta y cuarenta, cuando Martín jugaba al toro con sus hermanos y amigos, cuando, con pantalón corto, su padre, Lope, ya le escondía los pinceles para que no pudiera pintar. Dos de sus aficiones mas arraigadas por aquel entonces y hasta sus últimos días.

     Entrenaba con Gerardo Jordán "Blanquito" aquel torero-novillero de postín y luego gran banderillero y, con Alfonso Zapater quien llego a ser buen novillero con caballos y, con el tiempo, maestro de las letras. Pero Martín estaba predestinado para la pintura y no para el arte de la tauromaquia y, como su padre le decía; "Tú serás torero cuando los toros tengan los cuernos como caracoles".

      Unos años mas tarde, cuando Martín era ya Ruizanglada, siendo yo muy niño, recuerdo que presento su segunda exposición individual y, aunque anteriormente había pintado algunas clásicas estampas taurinas al estilo de la época, en esta muestra sorprendió con varios cuadros taurinos de vigorosos colores y formas, su etapa probablemente mas expresionista, donde se interesaba por el movimiento y colorido de la fiesta, quizás con el desarraigo, la fuerza e improvisación de la juventud. Pero Ruizanglada todavía no había forjado su estilo incomparable, propio, que empezaría a nacer uno o dos años mas tarde.

     Pocos en Zaragoza no conocen su pintura y pocos son los aficionados taurinos que no han visto algunos de sus cuadros del tema de la fiesta española. Un ejemplo de ello es el cartel de toros para las Fiestas Pilaristas que hizo Diputación Provincial en el año 1.992.

      Es uno de esos artistas que durante su carrera abordó todos los campos del género hasta decantarse por un estilo propio. Quizás si no con influencias sí con respeto y admiración a pintores como Goya y El Greco, a los cuales reverenciaba profundamente. Desde el impresionismo incipiente de su carrera hasta la temática religiosa dominante al final, pasando por bodegones, paisajes y abstractos.

     En todas sus exposiciones ha figurado algún cuadro taurino; recuérdese su segunda exposición en el Palacio de la Lonja de 1.984-1.985, donde presentó todo un pasillo exclusivo de maravillosos e inmensos lienzos taurinos, y como no, la exposición taurina de la feria del Pilar de 1.986, en los salones del Gran Hotel de Zaragoza.

      Su pintura taurina nace del aficionado y observador que era. Plasmaba todos los momentos de la fiesta, desde el humo del último cigarrillo antes de hacer el paseíllo, hasta más allá del arrastre del toro. detalles, momentos que, como una cámara fotográfica, sabia captar en su mente, para luego interpretar muy subjetivamente esos instantes que pasan desapercibidos para muchos aficionados y que satisfacen a los auténticos profesionales.

     Su pintura, como su personalidad, era una mezcla entre mística y arrolladora; sus pinceladas, espontáneas y rítmicas (¡Como recuerdan al gran Goya!) se entremezclan con las transparencias, veladuras, con los juegos de blancos y grises, manchas expresionistas que pueden parecer abocetadas, pero que están plasmadas bajo una inspiración ordenada. Dentro de su amplia paleta, donde mas abundan los rojos y otros colores calientes es en su pintura taurina, posiblemente porque el tema lo requiere, aunque no por ello nos dejara de sorprender con lienzos tratados exclusivamente con su gama de blancos y grises tan personales que ya son muchos los que los califican de "ruizangladianos".

     La luz era una de sus obsesiones. Le gustaba plasmar el movimiento, la acometividad del toro a los engaños y el gracejo torero de la escuela sevillana, manera de interpretar el toreo que le emocionaba. Y todo con su luz deslumbrante o tamizada por el juego del sol y sombra.

      Pintor de larga y extensa biografía, académico Electo de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luís de Zaragoza desde 1.995 y Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla. Premios y distinciones que le colmaban de felicidad. Recuerdo su emoción cuando, con un lienzo titulado "A los toros", recibió el premio de Honor y medalla de Oro de la citada Real Academia de Sevilla, premio que, hasta entonces, no había sido concedido a ningún pintor vivo. Y, de forma especial La Medalla al Mérito Cultural del Gobierno de Aragón en 1.992 y el premio Aragón-Goya de 1.997 máximo reconocimiento oficial artístico de Aragón entregado por su majestad la Reina Fabiola de Bélgica, así como el que fuera nombrado Hijo Predilecto de su lugar natal, Milmarcos, Guadalajara, y a una glorieta de ese pueblo le pusieran su nombre.

    Pero, con la benevolencia de los que me leyeren, permítame recordar el bautizo de su nieta Verónica, siete meses antes de su fallecimiento, celebrado en una finca con plaza de tientas y becerros y entre familiares y amigos, toreó por última vez a los 71 años, poniéndose delante de todos los becerros adelantados que salieron por chiqueros. Tal era su afición que había que frenarlo y ahí están como testigos Gabriel Lalana, excelente banderillero y su hijo gran promesa del toreo, Alejandro Lalana, siempre atentos al quite. Nos dejó a todos boquiabiertos y de esto puede dar fe el extraordinario crítico Benjamín Bentura Remacha. Tarde de las mas felices de su vida, como lo hubiera sido, sin duda alguna, si hubiera estado consciente, la de Noviembre del año 2001, cuando el Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza aprobó ponerle su nombre a una calle, en su ciudad adoptiva y tan querida como si en ella hubiera nacido.

     Don Jaime Esain escribió en su presentación del catalogo de la exposición taurina de la sala de "Arte Duran", de Madrid: e Madrid: "Reconocemos en suma, la divisa calidad y valor que ha distinguido siempre al arte inconfundible de un maestro que ocupa lugar de honor a la cabeza del escalafón de pintores de toros". Y al que esto firma no le arredra confesar que Martín Ruizanglada ha sido el numero uno de su época.

     Sus exposiciones fueron copiosas y de gran calidad como su obra. Destaca su primera exposición en 1968 en la galería N´Art de Zaragoza y la monumental celebrada en la misma ciudad en 1995 en el Palacio de Sástago, donde se juntaron nada menos que 81 obras del pintor. Comienzos y finales de su carrera se podría decir. Su último proyecto, inconcluso, era la decoración de la iglesia del barrio de Santa Isabel. Casado y con tres hijos, uno de ellos, Miguel Ángel es también pintor. El futuro parece ser pasa por una fundación que es deseo de todos se constituya núcleo para “fomentar la cultura".

Descansa en paz.


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